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Aulas: pasado, presente y futuro

 por

 Percival J. Denham

 Mayo 1999

Recuerdos del presente y el pasado

Cerremos los ojos por un instante y transportémonos a nuestra escuela, en especial recordemos las aulas donde pasamos tantos años de nuestras vidas. Analicemos los detalles de ese espacio comenzando por el mobiliario.

De los años cincuenta seguramente recordaremos las sillas o pupitres incómodos y feos, de fórmica, los bancos helados en invierno y húmedos en verano, sin olvidar el ruido contra el piso, posiblemente por la falta de regatones para la amortiguación.

Un pizarrón verde en otros casos negro, gastado y a veces con agujeros. La suciedad de la tiza cuyo polvo se esparcía por la ropa, el piso y afectaba a los alérgicos. Y el ruido insoportable cuando se rayaba el pizarrón con las uñas.

La iluminación se resolvía con tubos fluorescentes, tristísimos. Los ventanales sin cortinas hacían imposible controlar la cantidad de luz que ingresaba al recinto.

Algunos pisos eran de madera, pero generalmente estaban en mal estado, la mayoría tenían baldosas o plástico. Los de madera crujían, los de baldosa eran ruidosos por causa de las sillas y los de plástico se humedecían.

Las paredes aparecían pintadas con los mismos colores oscuros brillantes (se decía que eran más fáciles de limpiar) sin belleza alguna. La decoración se reducía a alguna lámina con un prócer que nos miraba distante o a algún ornamento religioso. Tal vez una maceta con alguna planta, flores frescas nunca. Estas paredes raramente tenían enchufes, era lógico, no había equipos para enchufar y cuando se conseguía algún aparato, un proyector, una radio, casi siempre faltaba el triple o el prolongador adecuado.

La calefacción era tan defectuosa que nos obligaba a estudiar con bufanda y hasta con guantes puestos en invierno. En épocas de calor, sin ventiladores o aire acondicionado, era casi insoportable concentrarse en la clase.

Carecíamos de apoyo didáctico dentro del aula, salvo algún mapa de hule desactualizado, algunas láminas raídas y un globo terráqueo, en el mejor de los casos.

Todas las aulas eran de construcción idéntica, monótonas y repetidas. No importaba el lugar, el piso o el establecimiento, bastaba ver una para haber visto todas. El mismo mobiliario, las mismas paredes.

Tal vez la teoría implícita detrás de todo esto era que para aprender conviene estar incómodo y sufrir bastante. No había mayor conciencia de que la calidad del lugar altera significativamente nuestra disposición al aprendizaje.

Una transformación lenta

En este momento, felizmente, nos encontramos ante una transformación física de nuestras aulas, lenta pero irreversible. Veamos algunos cambios sugerentes..

Algunos establecimientos educativos están incorporando pizarrones blancos con marcadores que presentan enormes ventajas sobre los sistemas antiguos. Otros se han animado a colocar alfombras en el aula que dan una calidez especial al ambiente, lo alegran y amortiguan los ruidos.

Ha llegado el tiempo de pintar las paredes con colores alegres, vistosos y claros. Se agregan muchas plantas y flores, relojes (con las diferentes horas de las principales capitales para recordarnos que vivimos en una comunidad planetaria), cuadros y reproducciones de calidad.

La iluminación comienza a tomar importancia. Se prefiere la luz indirecta, por rebote en el techo, se cuelgan cortinas de diferentes tipos que realzan el ambiente y permiten controlar la luz del exterior.

Ya no se teme ingresar un mobiliario de mejor calidad, los alumnos cuidan lo que es nuevo y destruyen lo que está deteriorado. Muchos han decidido eliminar los fríos muebles de fórmica y de plásticos en favor de nuevos materiales.

Nadie pone en duda los beneficios que trae una buena calefacción y aire acondicionado, para trabajar mejor, aprovechar más el tiempo ocioso de verano y crear jornadas más largas de trabajo. Los ambientes se aromatizan con deshumificadores y rociadores con fragancias diversas, que ayudan a la concentración.

Por último, ha ingresado masivamente la tecnología. Aparecen televisores, computadoras en red, equipos de música, proyectores de video, teléfonos, que abren nuevas ventanas en el aula. Ventanas hacia un mundo mejor comunicado.

Aulas interactivas

Ahora pensemos y soñemos por un rato como pueden ser las aulas en un futuro próximo.

La irrupción de la tecnología informática y de comunicaciones marcará el cambio total y absoluto de los espacios del aula y modificará la manera de aprender y enseñar, ya lo está haciendo en algunos lugares.

Imaginemos un aula transformada en un living grande con sillones cómodos, luces adecuadas, conexiones de red por todos lados, alumnos con computadoras portátiles y un ambiente realmente acogedor y confortable. Soñemos con aulas cuyas paredes podrán ser pantallas gigantes conectadas con otras semejantes en cualquier lugar del mundo. Soñemos con un mundo mejor conectado y más solidario, donde cada cultura pueda interactuar con la nuestra, sin trabas, con alegría, calidad y respeto.

Email:Percival J.Denham