INDICE

Prefacio

Introducción

I La imagen mental

II La imagen de la ciudad

III La escala urbana

IV Metodología

V Modelos reducidos (maquetas) del espacio urbano

VI La imagen urbana en los dibujos infantiles

VII Conclusiones

 

Referencias

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I. LA IMAGEN MENTAL DE LA CIUDAD

Los psicólogos han intentado estudiar con diferentes procedimientos la elaboración de una imagen mental pero el fenómeno no es fácil de asir. Por una parte, existe un componente fundamental en la imagen mental que está ligado a la percepción. Todos los canales sensoriales contribuyen a alimentar el proceso que genera la imagen. De la ciudad tenemos imágenes visuales, auditivas, olfativas, táctiles, kinestésicas, etc. Por otra parte, una imagen tiene carácter privado y al hacerla pública estamos obligados a transformarla, disecarla en sus componentes, seccionarla en el tiempo, localizarla en el espacio. Pero la imagen original tiene vida propia y autonomía, es dinámica y global. Es, en suma, tan compleja como la misma inteligencia humana y Piaget tiene razón al definir la imagen mental nada menos que como "la interiorización de los actos de la inteligencia" (6). Es decir, la imagen mental no es simplemente un producto de la percepción, una prolongación o reverberación de los estímulos periféricos que son procesados por el cerebro sino es una expresión cognitiva de carácter central, sometida a todas las leyes del desarrollo intelectual del individuo. Este es el espacio que desearíamos ahora analizar. Concretamente, queremos estudiar cómo se desarrolla en el niño y el adolescente la imagen espacial de su ciudad. El énfasis en el proceso evolutivo constituirá pues el eje de nuestro estudio. Aplicaremos además nuestro esfuerzo en dilucidar el carácter geométrico de la imagen urbana. Hubiéramos podido estudiar otros temas urbanos igualmente interesantes pero nos pareció conveniente reducirnos al aspecto espacial por varias razones de índole práctica y teórica. Respecto de las primeras, el espacio urbano se presta admirablemente para un estudio experimental. Por experimental entendemos el control objetivo y sistemático de la situación. En el caso de la imagen visual, por ejemplo, existe la posibilidad de obtener dibujos o modelos del espacio que la persona acaba de percibir. Los dibujos o modelo (maquetas) son los objetos sobre los cuales versará nuestro análisis. La imagen mental subjetiva y personal se nos escapará siempre en su individualidad pero su expresión objetiva y material puede ser sometida, en cambio, a un análisis minucioso. Se objetará, tal vez, que no estudiamos la imagen mental en sí, sino únicamente su manifestación pictórica o volumétrica. Es verdad, pero ello no es un impedimento sino un camino de acceso al mundo privado que se comunica normalmente por los canales de la representación bidimensional o tridimensional. Por lo tanto podemos inferir que la evolución manifiesta de los dibujos y maquetas de la ciudad, dato objetivo, corresponde a una evolución interna de la imagen espacial, por definición subjetiva. Las características de esta correspondencia plantea el problema difícil de las relaciones entre el lenguaje "público" y " privado", tema caro al análisis filosófico en el cual no podemos entrar ahora (7). Nos limitaremos a aceptar como hipótesis de trabajo la propuesta de Piaget: "la imagen visual corresponde en términos generales a lo que se podría dibujar del objeto o del suceso cuando ya no se lo percibe" (6). Ello bastará a los efectos prácticos para estudiar experimentalmente la imagen urbana.

Desde el punto de vista teórico, el aspecto espacial en la imagen de la ciudad tiene particular importancia. Por una parte, el espacio es una de las grandes categorías del pensamiento humano y el espacio urbano, es además, uno de los productos más elaborados de la sociedad civilizada. Por otra parte, la evolución de los sistemas cognitivos desde la infancia hasta la adolescencia es una continua incorporación de esquemas lógicos - matemáticos y coordenadas espacio - temporales. El niño no necesita ir a la escuela para que le enseñen la geometría de sus desplazamientos por su casa y por la ciudad. Existe una geometría espontánea que se desarrolla por etapas, como fue admirablemente descripta por Piaget, Inhelder y Szeminska (3). Encontramos en esta evolución un pasaje de las relaciones puramente topológicas que son las más precoces, a la métrica euclidiana, más tardía, pasando por las proyectividades y las transformaciones afines. No extrañará pues que hayamos identificado también estos grandes estadios del pensamiento geométrico al estudiar la evolución de la imagen del espacio urbano.

Dicho de otra manera, cuando el niño tiene necesidad de representar el lugar que ha recorrido o dar una imagen general de su ciudad, emplea todos los recursos cognitivos de su nivel, y estos no son variables y arbitrarios. Por ejemplo, antes de que el niño elabore la noción de coordenada y las relaciones métricas de distancia es posible que pueda representar el espacio urbano de su ciudad como una red de calles o como un tejido en damero. No se trata de una simple falta de habilidad para dibujar o para construir una maqueta con esas características. No es un problema de desempeño técnico, sino de algo más profundo; el niño pequeño carece de la competencia cognitiva necesaria para imaginar siquiera una representación de tipo reticulado. Lo que parece elemental para el adulto es el fruto de una ardua conquista de la inteligencia infantil.

Volviendo a nuestra hipótesis de trabajo, comprobamos que la representación bi o tridimensional, por dibujos y maquetas, nos enseña mucho sobre la organización de la imagen mental correspondiente. Sabemos por una parte que la imagen del espacio urbano se elabora con componentes figurativos; son en definitiva formas y figuras de calles, plazas, edificios las que están en juego, pero comprobamos también que este aspecto no es autónomo pues depende del marco conceptual que limita y organiza la imagen espacial. Se ha dicho que el niño, en una fase característica del dibujo infantil, no dibuja lo que ve sino lo que sabe. Por ejemplo, al copiar un cubo en perspectiva, dibuja también las caras invisibles. Lo no figurativo es esencial para la composición de la imagen mental aunque no sea un ingrediente de la imagen. Por eso la educación y la experiencia pueden hacer varias las imágenes mentales, tanto como su expresión pictórica o volumétrica. Es difícil por consiguiente, atribuir únicamente a la evolución perceptiva todo el desarrollo y la riqueza de las imágenes urbanas de un adolescente. Ciertamente se puede enseñar a "mirar mejor" la ciudad, y esa es una tarea propia de arquitectos y urbanistas pero parece imposible enseñar a "imaginar mejor". La elaboración de la imagen de la ciudad no se puede desligar de la construcción de lo real y ésta sufre un desarrollo global, que como tal, no admite intervenciones a destiempo. Sólo se puede aprender lo que el organismo mental es capaz de asimilar en el estadio evolutivo que le corresponde.