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Espiritualidad y cambios tecnológicos

Dr. Antonio M. Battro

para Criterio

 

Buenos Aires

julio del 2000

 

I. El cambio

El término "cambio" nos servirá para enlazar los dos mundos de la tecnología y de la espiritualidad. En el primer caso el cambio es un salto, en el segundo es una conversión. Por el primero el hombre avanza, por el segundo profundiza. La articulación dinámica de ambos procesos es esencial a la naturaleza humana. Son acciones solidarias, por una parte un proyecto personal se realiza, se expresa, por otro una vocación se encarna, se acepta. El proyecto se impulsa con toda la fuerza de una convicción, la vocación es la respuesta a un llamado. Uno empuja, el otro atrae. Ciertamente el salto y la conversión, son incomparables, no tienen una métrica común, pero toda trayectoria personal y creativa se proyecta en el mundo y en la intimidad, es a la vez objetiva y subjetiva.

II. El salto tecnológico

La historia del desarrollo tecnológico es "saltatoria". No es un evolución acumulativa sino un proceso discontinuo que se realiza por etapas. Tampoco la invención es siempre fruto de la necesidad sino de la curiosidad. Es esencialmente un ejercicio de libertad. "Todos los hombres quieren, por naturaleza, conocer" decía Aristóteles. Existen muchas teorías respecto del origen de estos cambios novedosos, irreversibles e imprevisibles. No es el momento de hacer un relevamiento erudito, bastará con una breve introducción.

Novedoso en este contexto dinámico significa sólo un paso más, no algo insuperable y definitivo. Más bien marca una etapa o estadio suficientemente estable, estructuralmente firme y difícil de conmover. Pero podrá llegar otra tecnología que no sólo la perfeccione sino que la reemplace. Allí se produce el conflicto, el salto, y el sistema creativo y productivo encontrará su nuevo equilibrio estable. Los organismos y las mentes crecen escalonadamente, por etapas, cada una de los cuales no elimina la anterior, se apoya en lo ya adquirido pero amplía el campo de acción. El ser humano es una fuente inagotable de novedades, un productor original, desde su más tierna edad. El caso de la producción constante de nuevas frases en el lenguaje, de melodías en la música, de trazos en el dibujo, es un hecho maravilloso. Tenemos la certeza íntima de que no necesitamos repetirnos. La novedad es cotidiana. Y la ciencia y la tecnología amplifican esta capacidad innovadora e inagotable. Estamos hoy transitando de una etapa a otra. La tecnología ha hecho posible la globalización. El cambio de era se ha debido esencialmente a la informática y las telecomunicaciones. Se trata de un "cambio digital" que no tiene precedentes en la historia de la humanidad. Somos muy afortunados de vivir esta transición.

Irreversible , por su parte, significa que existe la flecha del tiempo, que no vuelve atrás. Los dinosaurios no volverán a poblar la tierra, la radio a galena no será producida en serie. El verdadero cambio define siempre un antes y un después. El presente es, irreversiblemente digital. Y las generaciones actuales y futuras no volverán al ábaco para calcular, entre otras cosas. Más aún, como dice Nicholas Negroponte, "cada generación es más digital que la anterior". Es una dato de la mayor importancia para la historia contemporánea que los humanos y las máquinas puedan "conversar" cada día con mayor fluidez. Asistimos, pues, a una evolución convergente de nuestras habilidades naturales y de los sistemas artificiales. Algunos pensamos que existe en la especie humana una verdadera "inteligencia digital" que sólo ahora se puede expresar con toda su potencialidad creativa. Se trata de una capacidad distribuida universalmente, como la capacidad de aprender un idioma materno que es común a todos los niños del mundo. Salvo alguna patología especial nadie tiene dificultad para usar las nuevas tecnologías. El destino de la humanidad sería muy diferente si estas fueran inaccesibles para los más jóvenes y sólo estuvieran en manos de expertos adultos. Felizmente es más bien lo contrario lo que sucede en todos los campos. En este caso es la juventud quien lidera el formidable cambio. Eso no había sucedido nunca en esta escala universal.

Imprevisible implica, finalmente, que no hay ningún "preformismo" en la historia de la tecnología. Puede haber filiación funcional entre el ala del ave y el ala de un avión, pero el artefacto volador no estaba en germen en el vuelo del cóndor. Pero la imprevisibilidad no es resultado del simple azar, no es una mutación genética. Es la consecuencia de un esfuerzo consciente y sostenido de muchos agentes de cambio, de científicos e inventores, que a veces se prolonga por generaciones y abarca un espectro considerable de disciplinas en interacción permanente. Se ha dicho que "la ciencia debe más a la máquina de vapor que ésta a la ciencia". En efecto, las máquinas que pusieron en movimiento a la era industrial crearon nuevas fuentes de energía que permitieron desarrollos que no estaban pre-determinados en el proyecto inicial. Lo mismo se puede decir de las computadoras. En lugar de producir energía procesaron información, que pronto superó todo lo previsto.

El caso más espectacular es el de Internet. La red de redes digitales nació por la necesidad militar de asegurar las comunicaciones entre computadoras. Un diseño distribuido a través de redes resolvió el problema. Al mismo tiempo se impuso el envío del mensaje por "paquetes". Su impacto en las ciencias fue enorme y fomentó el incremento de la comunicación entre las grandes computadoras del mundo académico. Ello permitió el desarrollo espectacular de nuevas disciplinas científicas. Y hace apenas una década se encontró un protocolo de comunicación común para todos los sistemas operativos de las computadoras, lo que abrió masivamente el juego. Se creó una red mundial, la world wide web, www, que está abierta a cualquier iniciativa personal e institucional, científica y artística, comercial e industrial, política y religiosa. Nadie, ni siquiera los inventores del sistema, pudieron imaginar la diversidad de actividades que hoy transcurren en la web. Esta imprevisibilidad es un fenómeno esencial del cambio tecnológico. Por eso nadie se atreve a predecir el futuro de Internet.

III. La conversión espiritual

¿Cuáles serían las características de una conversión espiritual si las confrontáramos con las del cambio tecnológico? Tal vez convendría retomar la misma trilogía anterior y transponer lo novedoso, lo irreversible y lo imprevisible a otra clave. Pero eso sí, buscaremos afinar la articulación sutil entre conversión y cambio a partir de una visión cristiana. No se trata de cualquier conversión, sino la del Evangelio. En el proceso de conversión cristiana lo novedoso es la Encarnación, es Cristo. Lo irreversible es la Pascua de Resurrección. Lo imprevisible es la Gracia. El Verbo Encarnado es Dios. Jesús es el Salvador. El Espíritu sopla donde quiere. Nuestro propósito es indagar brevemente sobre cómo articular estas dimensiones espirituales con las tecnológicas. Y puede haber aquí un delicado pero profundo contacto entre el cambio tecnológico y la conversión espiritual.

Me referiré al buen uso de Internet como ejemplo práctico de un proceso de espiritualización. Se trata de una realidad que puede servir de modelo de reflexión. Tal vez podamos ir un poco más allá y desembocar en el área pública de la confrontación, a veces dura, de las realidades de nuestra sociedad frente a la digitalización. Hay muchos temas de fricción cuyas causas son múltiples y entrelazadas. Una de ellos es la "globalización", tan temida por muchos. Pero lo opuesto del temor es el amor. La Iglesia es universal o sea "católica" desde su fundación hace dos mil años y es " Maestra en globalización" porque es "Maestra en humanidad". Por eso podemos procurar su guía para entender mejor qué es lo que sucede cuando todos los seres humanos se consideran hermanos e hijos de un mismo Padre. Y a eso vamos.

Comencemos por la novedad. Hace varias décadas Theilard de Chardin imaginó la Noosfera como la gran novedad del cosmos, producto de la inteligencia humana. La Biosfera ya había generado una inteligencia animal en muchas especies, pero Theilard jamás imaginó la aparición de una genuina "inteligencia artificial" en la Tierra por obra del hombre. Ahora convivimos con una de sus máximas expresiones, Internet, la red de redes de computadoras, que cada día es más amigable e "inteligente". Internet se ha convertido, definitivamente, en uno de los soportes de la Noosfera en el siglo XXI. La mayor novedad tecnológica es la globalización digital. Ha provocado un cambio profundo en las relaciones humanas, que afecta a todos los niveles de la sociedad.

Analicemos el simple hecho del correo electrónico entre millones de emisores y receptores del planeta. El signo @ se ha convertido en el mejor pasaporte internacional, que supera todas las fronteras. Parece mentira, pero no tiene más de treinta años de vigencia en el mundo de las comunicaciones informáticas y sólo diez de uso masivo. La dimensión espiritual de esta novedad tecnológica estriba en su carácter encarnado, profundamente personal y fraternal. En efecto, cuando se establece una comunicación entre personas lo primero que pasa entre ellas es el afecto. Es algo espontáneo y natural, como lo comprobamos a diario quienes nos dedicamos a la educación. Pero el signo @ también puede ser vector de odio y violencia. Es decir, hemos creado un nuevo medio sujeto enteramente a la condición humana. La red es un instrumento, no un fin. El hombre, en cambio, no es un medio sino un fin en sí mismo, como bien dijo Kant. La novedad estriba en el poder impresionante de esta comunicación digital, que nada ni nadie puede detener. La persona que es nuestro interlocutor en la red no es un desconocido, es un hermano en Cristo. Tal vez no lo conoceré en persona nunca pero "está" en la red, es mi prójimo. No es un prójimo virtual sino real. La Iglesia, es, como dijimos, "Maestra en globalización" y nos da la garantía de que nuestro encuentro digital es siempre profundamente humano a la vez que cristiano. Podemos ser misioneros en el ciberespacio, ser testigos de Cristo en Internet. Es una novedad de estos tiempos, que habría colmado de gozo a un San Pablo ¡Imaginemos una "epístola a los cibernautas" firmada paulus@apostolorum.org! Nos corresponde a nosotros escribirla. Lo podemos hacer entre todos, cada día.

Sigamos con la irreversibilidad. Nos proyectamos al futuro con esperanza. No podemos temer porque el Señor es fiel y no nos abandonará jamás. La esperanza cristiana nos conduce a no mirar hacia atrás, a perdonar las ofensas pasadas y a confiar en el bien por venir. Pero cuando asumimos el progreso de la tecnología no debemos bajar la guardia, perder la mirada crítica ni ser complacientes con las desviaciones actuales y posibles. Todo lo contrario, debemos tener los ojos bien abiertos para detectar al instante los desvíos y proponer los mejores atajos para llegar a la meta deseada.

Una genuina conversión espiritual en esta dimensión implica, ante todo, dar gracias al Creador porque nos ha concedido la gracia de vivir en un mundo mejor conectado, donde se han abierto carriles de caridad y de conocimiento inimaginables hace sólo una década. Podemos y debemos hacer el bien, procurar la verdad y buscar la belleza a través de los nuevos medios digitales. Hay muchos ejemplos de ello, exitosos, que debemos imitar. Pero debemos también hacer nuestras propuestas personales, proyectarnos hacia adelante con toda la confianza que nos da la Gracia que desborda todo receptáculo humano y se derrama amorosamente en la comunidad humana a través de estos medios prodigiosos de comunicación.

Concluyamos con una reflexión sobre la imprevisibilidad: "el Espíritu sopla donde quiere". No sabemos adónde nos conduce, lo mejor es abandonarnos confiados en manos del Señor de la historia. En particular en esta era donde, por primera vez, es posible sembrar y cosechar a muy corto plazo, donde las redes digitales nos abren oportunidades inmensas de progreso personal y comunitario. Podemos también dar una impronta espiritual a esta incapacidad de prever las consecuencias de muchos mensajes, de muchas acciones que emprendemos en la red, con las mejores intenciones. Muchos darán fruto en terrenos muy lejanos e inesperados. Todos hemos tenido la experiencia personal de haber recibido una respuesta agradecida por algún mensaje que ya habíamos olvidado. Pero algunos mensajes se pueden volver contra nosotros mismos. Este riesgo es propio de la libertad humana. Las nuevas tecnologías digitales nos incitan a tomar riesgos, a superar lo conocido, a experimentar con alegría. La imprevisibilidad inherente al cambio tecnológico nos llevará a profundizar nuestro espíritu aventurero en el mejor sentido de la libertad de los hijos de Dios ¡No perdamos la oportunidad de descubrir un nuevo mundo!

Un mundo en red es un espacio donde conviven personas y máquinas. Esta es la novedad absoluta. Se ha introducido una nueva inteligencia, una inteligencia artificial en el intercambio que antes sólo estaba reservado a la inteligencia natural de la especie humana. La "globalización" no reside tanto en la comunicación universal sino en la modalidad mixta de esa comunicación entre máquinas y personas.

IV. Nuestra Iglesia en el mundo en red

La Iglesia como comunidad de hermanos en la Fe siempre ha creado redes de comunicación, por eso dijimos que es Maestra en globalización. Ahora podrá ser también Madre y Maestra en el nuevo mundo digital donde hay tanto por hacer desde el punto de vista cristiano. Podríamos proponer como lema: "mundo digital, tierra de misión". Convendría, pues, hacer un examen de conciencia sincero sobre lo que estamos haciendo en este nuevo campo. Es evidente que el mundo en red es más denso en los países avanzados que en los nuestros, donde la conectividad es escasa y cara, pero hay señales promisorias de progreso en las más variadas comunidades, aún las más aisladas. Será cuestión de aprovechar al máximo los recursos digitales existentes, abrir nuestra imaginación y proyectar nuestra creatividad en las direcciones más nobles y solidarias.

Sería, interesante, por ejemplo, apelar a jóvenes talentosos de las más variadas proveniencias para confeccionar páginas en la web para las diferentes comunidades católicas, desde nuestras diócesis hasta las parroquias, pasando por los movimientos, las escuelas, los centros de salud, las publicaciones, etc. ¡Qué más queremos, tenemos claro el objetivo, los instrumentos están a nuestra disposición, ahora, manos a la obra!

* 6to Encuentro de Responsables Diocesanos de Comunicación Social, Luján, 15 de Julio, 2000