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por Una persona culta es esencialmente una persona curiosa, que tiene la pasión de explorar y de experimentar, que ha aprendido a gozar y a agradecer. Esta inquietud tiene raíces muy profundas en el espíritu humano. Se expresa ante todo mediante el lenguaje, nuestro instrumento más sutil y habitual de comunicación. Por eso existe una relación muy estrecha entre la cultura y las letras, desde que se inventó la escritura. De ahí el dicho español "es una persona muy leída". Pero la cultura son todas las artes y ciencias sin excepción. Y estas tienen tal variedad y complejidad que hoy es imposible poseerlas en plenitud, ni siquiera en un sector restringido. No podemos ser cultos ahora a la manera de un humanista del renacimiento, de un ciudadano de la época de las luces, de un romántico del siglo XIX. Pero ciertamente contamos "con más recursos" para ser cultos que en épocas pasadas. Los viajes frecuentes, el aprendizaje de otras lenguas desde la escuela, los sistemas de información al instante por internet, la televisión satelital, la memoria de la civilización en discos, videos, bancos de datos, etc., permiten ampliar notablemente el panorama cultural de millones de personas. Pero hablar de una "cultura globalizada" es un error. No debemos confundir los medios con los fines. Todo lo contrario, a medida que las herramientas masivas se perfeccionan se nos exigirá mayor creatividad personal y audacia intelectual. Cada disciplina científica, cada actividad artística crea su propia subcultura. Todas ellas se encuentran en interacción permanente y se organizan en subsistemas intelectuales dinámicos que no siempre son estables. La movilidad cultural es vertiginosa. La cultura no está en cabalgar desaforadamente sobre estas ondas sino en producirlas, cada uno a su manera, en forma local, cultivando su jardín. Quiero citar al respecto a un humanista de nuestros tiempos, modelo del hombre culto francés de este siglo, me refiero a Jean Guitton, que - ¡a los 96 años!- escribió el siguiente comentario sobre las nuevas tecnologías. Se trata de un diálogo, después de la muerte, con Sócrates, quien le pregunta, abruptamente, sobre internet y la filosofía: "Creo que de nuevo tenemos derecho a esperar. La técnica puede también tener una virtud liberadora... la técnica permite la movilización instantánea de todo el capital intelectual existente, segundo, el aumento del número de los autores y la constante acumulación de sus escritos acrecientan la masa del material por estudiar sobre el menor tema, muy por encima de los límites de lo humanamente posible, tercero, los progresos en la construcción de las memorias electrónicas hacen inútil, de todos modos, el trabajo de memorización especializada. La únicas fuentes raras e irremplazables serán, la intuición, la crítica, la meditación, la síntesis y la invención. Mediante la técnica nos curaremos así de la acumulación por el exceso de acumulación " (Jean Guitton. Mi testamento filosófico, Sudamericana, Buenos Aires 1999. p.113). Coincido con este diagnóstico constructivo. El contacto explosivo en calidad y en cantidad entre las culturas y subculturas del mundo exige de cada uno de nosotros un mayor empeño en adquirir las virtudes de tolerancia y de asombro, de colaboración y de invención. No puede haber un "fundamentalismo culto" en un mundo globalizado. La cultura no se puede distribuir como un "servicio al instante" por las redes digitales. La cultura, como siempre, se asimila lentamente en el curso de toda una vida. Es un fruto que madura en el corazón de cada persona. |