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IV. LA ESCUELA EXPANDIDA Hoy: el conocimiento distribuido Cuando la sociedad comenzó a prosperar, el conocimiento también empezó a distribuirse mejor, junto con la tecnología adecuada, entre la mayor parte de los ciudadanos. Al aumentar la capacidad de ahorro de la comunidad, las familias se equiparon con la mejor tecnología mientras que las escuelas, por diversas razones, no siempre fueron capaces de seguir esta tendencia. La escuela, especialmente en este fin de siglo y en las comunidades más avanzadas, ha dejado de ser el espacio privilegiado y único para aprender y enseñar. Su importancia relativa en la transmisión del saber ha comenzado a mermar en forma significativa al perder el monopolio del conocimiento. Este cambio de roles es positivo porque la escuela del futuro, desligada de muchas imposiciones curriculares, gracias a un mejor empleo de las nuevas tecnologías digitales a distancia para impartir conocimientos, será cada vez más importante en el proceso de socialización de los niños y adolescentes. Se convertirá en un ámbito de encuentro más creativo y abierto al mundo. Su mayor privilegio será, precisamente, el de poder reunir a algunos para comunicarse con muchos. Este movimiento de la balanza educativa en favor del hogar tiene algunas expresiones interesantes. En los Estados Unidos, por ejemplo, aumenta constantemente el número de familias de alto nivel profesional que han decidido no enviar más sus hijos a la escuela primaria ni al colegio secundario (ingresan directamente en la universidad sin haber pasado por las aulas). En estos casos son los propios padres quienes se convierten en docentes de sus hijos, lo que supone una organización familiar y económica muy especial. Este esquema de "aprendizaje sin escuela", que parecerá a muchos tan impracticable como indeseable, es sin embargo frecuente en el caso de los prodigios y talentos excepcionales, donde se prefiere, en general, una asistencia tutorial permanente, extra-curricular, a la escolaridad formal. Tal vez en el futuro esta modalidad informal, reservada actualmente para algunos pocos privilegiados, se difunda como un amplio abanico de alternativas educativas. En definitiva, la buena noticia es que hoy la cantidad y calidad de la tecnología disponible en las casas para enseñar y para aprender es más que suficiente. El problema es que no siempre se sabe aplicar esta tecnología con fines educativos. Debemos reconocer que la escuela expandida es rica en equipamientos y pobre en ideas sobre sus usos educativos. Este es un dato de la mayor importancia frente a nuestra penuria crónica en materia escolar. Incorporemos pues cuanto antes esta enorme inversión familiar al proceso educativo. Para ello la escuela deberá realizar inversiones inteligentes que complementen o suplementen lo que ya existe en el hogar. Y la inversión más importante no es en máquinas sino en ideas. |
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