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VI. LA TRANSICION DIGITAL
El pensamiento crítico
En la educación actual, se acepta con naturalidad
(o con resignación) que "alguien" (del ministerio, de
la dirección escolar, o de cualquier otra parte)
piense por nosotros, nos diga qué hacer, cómo,
cuándo y dónde debemos enseñar y
aprender. Preferimos seguir las reglas impuestas desde
afuera que correr el riesgo de ser autónomos. Muchas
veces aquellos docentes que dicen pensar lo contrario, al
estar frente a un aula obedecen ciegamente pautas
convencionales sin fundamento y se cierran al mundo. Pero si
los docentes no desarrollan un pensamiento crítico
sobre sus propias acciones educativas, incluso sobre las
más triviales, difícilmente podrán
transmitirlo a los alumnos.
Nosotros utilizamos el "test del timbre", que
recomendamos aplicar para medir el grado de conservadurismo
de una escuela. Todos sabemos que no hace falta tocar un
timbre (o una campana) para llamar o salir de clase. Basta
consultar su propio reloj. Sin embargo, pruebe el lector y
verá. Los argumentos para seguir ordenando las horas
con un timbrazo son inagotables, todos igualmente falsos.
Muchos de ellos se remontan a esquemas fabriles del siglo
pasado. En muchos lugares sería más
fácil instalar una computadora de alta
tecnología, que abolir el timbre, un artefacto de muy
baja tecnología. Aquí hay una confusión
conceptual grave que revela un estado aún primitivo
del proceso de transición hacia la autonomía
del aprendizaje. Vivimos inmersos en plena
heteronomía, incluso en actos tan triviales como los
que ordenan el horario escolar.

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