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VIII. LA BIBLIOTECA DIGITAL
Leer y escribir
En este sentido no vendría mal poner un poco
más de cerebro en la educación. Por de pronto
los progresos de las neurociencias cognitivas han demostrado
de manera irrefutable que el procesamiento cerebral de la
escritura no es el mismo que el de la lectura. La evidencia
histórica ya nos había revelado que un buen
copista de manuscritos no necesitaba saber leer si
sabía copiar cada signo lingüístico como
un grafismo. Desde el punto de vista neurocognitivo, las
observaciones médicas han confirmado también
que las lesiones cerebrales que producen un deterioro en la
escritura (agrafias y disgrafias) no siempre se
acompañan de una dificultad para la lectura (alexias
y dislexias) y viceversa. La adquisición de la
lectura es independiente de la escritura. A su vez, la
experiencia escolar nos permite reconocer a diario que el
dictado es diferente de la redacción, que la copia
fiel de un texto no depende de la caligrafía ni de la
ortografía, etcétera. Hay, además,
muchas maneras de leer un texto y estas han evolucionado con
los tiempos y las culturas. Llegamos de esta manera a la
conclusión de que el llamado aprendizaje de la
lecto-escritura es el producto híbrido de la
"razón burocrática", de los programas
escolares, más que un dato neurocognitivo
unívoco. Este panorama se enriquece enormemente
cuando pasamos al mundo digital, del texto al
hipertexto.

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