La empresa moderna es un "lugar donde se aprende". Y
este aprendizaje no se limita a la adquisición de
nuevas habilidades específicas en cursos de
capacitación sino de hábitos generales que
se convierten en una segunda naturaleza en cada comunidad
de trabajo. Por un lado, existe un aprendizaje
concentrado, vertical y formal, que es preciso actualizar
constantemente según las necesidades de la
empresa, por otro un aprendizaje distribuido, horizontal
y no-formal que es parte de una "cultura" empresaria, de
un estilo característico.
La incorporación permanente de recursos
digitales novedosos en la empresa exige un proceso de
asimilación que puede ser largo y dificultoso. No
basta instalar la última tecnología en una
empresa para provocar un cambio de mentalidad en sus
usuarios. Muchas veces hay fallas en la
capacitación o decisiones tecnológicas
erradas que no facilitan el proceso de adquisición
de conocimientos sino todo lo contrario.
Howard Gardner, profesor de Educación de
Harvard y autor de una teoría de gran impacto
sobre las inteligencias múltiples, se pregunta,
con mucha razón, cuán diferente
habría sido la historia de los tests mentales de
haberse basado en los requerimientos de la era industrial
y no en el simple rendimiento escolar. Es necesario
emplear nuevas medidas y tests de evaluación para
evaluar una capacidad y un desempeño digital
propio de la empresa del siglo XXI.
El número de individuos conectados a una
determinada empresa puede ser considerable y esta
comunidad constituye una verdadera "empresa expandida"
cuyos recursos intelectuales, afectivos y morales son muy
importantes pero no siempre se comparten. Por su parte,
en el mundo digital las redes de comunicación
permiten crear una base sólida que no tiene
fronteras en el espacio ni en el tiempo. Una empresa
moderna no sólo podría brindar servicios a
todos sus empleados y a sus familiares, sino
también aprovechar los recursos existentes en esa
comunidad para aumentar la prosperidad y la calidad de
vida de sus integrantes.