INDICE

Introducción

1. El cambio de significado de la obra de arte en el museo

2. El museo, templo de las artes y de las ciencias

3. El valor de la reproducción

4. Un arte ficticio

5. Visitas reales y virtuales

6. El arte del fragmento

7. La memoria del ideal clásico

8. La antología imaginaria

9. El significado último del arte

Referencias

Ilustraciones

Agradecimientos

 

 

1. El cambio de significado de la obra de arte en el museo

Conviene comenzar con la magistral descripción de Malraux sobre el significado de la obra de arte y de la función del museo, que podemos extender a todo tipo de museo, sea real, imaginario o virtual.

El papel de los museos en nuestra relación con las obras de arte es tan grande que tenemos dificultad en pensar que los museos no existen - o que nunca existieron - en aquellos lugares donde la civilización europea moderna es - o fue - desconocida. Esta relación existe para nosotros sólo desde hace escasos dos siglos. El siglo XIX vivió de ellos y seguimos viviendo de ellos, pero nos olvidamos que los museos han impuesto al espectador una relación absolutamente novedosa respecto de la obra de arte. (11 - 12)

Malraux, en este párrafo escribe sobre el museo del siglo XX pero, como veremos, tenemos la certeza de que sus ideas seguirán siendo válidas en el siglo XXI. Se refiere a la transformación del motivo o modelo clásico en una obra de arte. En efecto, los museos de occidente

han contribuido a liberar de sus funciones a las obras de arte que reunían, a metamorfosear en cuadros hasta los retratos. Si el busto de César y el Carlos V ecuestre son todavía César y Carlos V, el duque de Olivares no es más que un Velásquez. ¿Qué nos importa la identidad del hombre con el casco, del hombre del guante? Se llaman Rembrandt y Ticiano. El retrato, ante todo, ha dejado de ser el retrato de alguien. (12)

Podríamos agregar que hasta el autorretrato del pintor ha dejado de referirse a su persona. Tomemos el caso de la retrospectiva reciente en la National Gallery de Londres2 donde se exponen unos treinta autorretratos al óleo de Rembrandt y numerosos esbozos y grabados. Nos ilustran ciertamente sobre el paso del tiempo en su larga vida, nos conmueven por su realismo implacable o por su fantasía genial pero, sobre todo, esas obras maestras connotan un universo espiritual más que denotan al individuo de carne y hueso que los originó.

La idea central de Malraux es que asistimos a un "cambio de función" de la obra de arte original cuando la admiramos en un museo. El hecho del traslado de la obra a un ambiente específicamente diseñado para su exhibición merecería de por sí un análisis más detallado, pero avanzaríamos sobre la museología, una disciplina fascinante que nos alejaría del tema que nos ocupa ahora. Nos basta comprobar que frente al "hombre del casco dorado" el visitante se inclina para ver el nombre del pintor. Le interesa la atribución de la obra a un autor. Una exposición inolvidable tuvo lugar en 1996 en el Metropolitan Museum of Arts de Nueva York sobre el tema de la variada atribución de los Rembrandts en diferentes momentos de la historia del arte3.

Los casi seis millones de personas de todas las regiones del mundo que visitan el Louvre anualmente ¿van a ver La Gioconda o un Leonardo da Vinci? Ambos, el retrato de una beldad de la Florencia renacentista y el genio del artista seguirán eternamente ligados pero el espectador actual admira seguramente más la belleza de la pintura que la belleza de la dama. No fue siempre así. En una descripción de la época, un amateur que visita Fontainebleau cuenta: "había también un pintura al óleo tomado del natural de una cierta dama de Lombardía (sic) una mujer muy bella, pero a mi juicio no tan bella como la Señora Gualanda"4. Este admirador comparaba a Lisa Gherardini del Giocondo, esposa de Francesco del Giocondo, con Isabella Gualanda, una amiga de Giuliano de Medici. No comentaba tanto la belleza de la pintura de Leonardo sino la nobleza de los rasgos de dos mujeres muy bellas. En esto coincidía con un comentario del propio Leonardo "¿no ves acaso que entre las beldades humanas es la belleza del rostro que detiene a los pasantes y no los ricos ornamentos?". Es más, en el catálogo de Sébastien Zamet, superintendente del palacio real, realizado en 1614, en el número 78 cita "une joconde" (sic) ¡y no al pintor! El tema del cuadro, en esa época, seguía siendo más relevante que el valor del propio autor. Pero el museo moderno produce un cambio radical en la historia del arte. Como bien dice Malraux

Hasta el siglo XIX, todas las obras de arte fueron la imagen de alguna cosa que existía - o que no existía - antes de ser, antes de poder ser obras de arte. Sólo a los ojos del pintor la pintura era pintura; muchas veces también era poesía.Y el museo suprimió de casi todos los retratos (aunque lo fueran de un sueño) casi todos sus modelos, al mismo tiempo que arrancaba a las obras de arte de su función (12)

En cierto sentido el visitante de museo penetra en un taller vaciado de sus modelos, no hay nadie que esté posando, no está más la flor ni la copa de vino sobre la mesa del artista. Sólo reina la pintura como tal y por eso mismo adquiere un nuevo significado. Al ingresar al museo la obra del pintor se expone al público configurando un museo de "pinturas" más que de "cuadros". También el museo al abrir sus puertas a un público más amplio, no necesariamente experto o amateur, ha cambiado de función. En efecto, las galerías de los grandes coleccionistas europeos del pasado, emperadores, reyes, papas, nobles, banqueros, cardenales, eran centros de convivencia diaria con la belleza, oportunidad de conversación, lugares de "delicias sensuales e intelectuales". Francisco I exponía copias de su colección excepcional de más de cincuenta obras maestras en los baños reales de Fontainebleau para gozo de sus cortesanos e invitados. Con esos tesoros se constituyó siglos después el acervo del Museo del Louvre. Es más

El museo no conoció ni paladio, ni santo, ni Cristo, ni objeto de veneración, de semejanza, de imaginación, de decoración, de posesión, sino imágenes de cosas, diferentes de las cosas mismas, sacando de esta diferencia específica su razón de ser (12)

Esta es la tesis central de Malraux. El museo ha creado una diferencia esencial: la transmutación de un valor estético. Es, en cierto sentido, una transfiguración, que conduce a una confrontación de metamorfosis.

Antes de existir el museo

La obra de arte se encontraba ligada: la estatua gótica a la catedral, el cuadro clásico al decorado de su época, pero no a otras obras de espíritu diferente. Se la aislaba de las demás para poder apreciarla mejor. (12)

El museo irrumpe entonces para unir lo que estaba separado y disperso.

Nuestra relación con el arte, desde más de un siglo, no ha hecho más que intelectualizarse. El museo impone un cuestionamiento a cada una de las expresiones del mundo que ha reunido, una interrogación sobre qué es lo que los une. (12)

El museo es una colección de piezas cuya unidad está siempre en cuestionamiento. Sólo mediante un esfuerzo intelectual podemos acercarnos a obras tan dispares como una máscara africana y una pintura renacentista. Pero ambas se cobijan bajo un mismo techo en los grandes museos. Y nos preguntamos cuál es el cimiento que las une, en qué consiste esta relación fundamental que convierte a una obra de arte en hermana de otra, que reúne a todas ellas en una misma familia. Es un cuestionamiento sin fin. Cada época le da una respuesta, siempre imperfecta e incompleta.

Se siguen construyendo museos, algunos congregan muchedumbres y reciben más visitas que ciudades enteras. El conjunto de esos museos, grandes y chicos, importantes y secundarios, supera toda posible descripción. Su variedad es inconmensurable pero todos los museos tienen en común un hecho: las obras que albergan cobran una vida nueva "porque es compartida". Incluso aquel lugar singular que cobija sólo una joya, única y aislada, como sucede con El entierro del Conde de Orgaz, en su solitaria capilla de la Concepción en la iglesia Santo Tomé de Toledo, participa también, como una voz solista, en el prodigioso concierto de la ciudad del Greco.

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