INDICE

Introducción

1. El cambio de significado de la obra de arte en el museo

2. El museo, templo de las artes y de las ciencias

3. El valor de la reproducción

4. Un arte ficticio

5. Visitas reales y virtuales

6. El arte del fragmento

7. La memoria del ideal clásico

8. La antología imaginaria

9. El significado último del arte

Referencias

Ilustraciones

Agradecimientos

 

 

3. El valor de la reproducción

La obra de arte tiene una propiedad admirable, invita a su reproducción. Ante todo en la memoria de quien la contempla. Pero el proceso mental del recuerdo no es una copia sino una reconstrucción. Toda la psicología del siglo XX nos ilustra acerca de los mecanismos sutiles de la codificación y decodificación de la imagen visual, de las escalas temporales de la memoria corta y volátil o de la memoria larga y permanente. Malraux indaga sobre el quehacer de la memoria en varios de sus libros, en particular en sus Antimemorias. Es consciente de sus limitaciones y deformaciones. Por eso analiza con el mayor de los cuidados la diferencia entre la obra original y su reproducción. Lo hemos olvidado pero el visitante de un museo europeo en 1900 contaba con muy pocas copias y grabados a su disposición y sólo fotos en blanco y negro. No resultaba fácil pues comparar las obras visitadas. La distancia geográfica entre los museos era, además, una "distancia mental". Como dice admirablemente Malraux

la confrontación de un cuadro del Louvre con uno de Madrid o de Roma era entre un cuadro y un recuerdo. (14)

El visitante culto viajaba mucho recorriendo los museos célebres, los ricos podían comprar algunos grabados de los grandes maestros, los demás se contentaban con fotografías. Todos debían apelar a su memoria, algunos tomaban notas escritas o esbozaban algún dibujo. Los artistas, a su vez, iban al museos a copiar a los genios como parte de su formación y también como fuente de ingresos. Había copias para todos los gustos y bolsillos. Pero, en realidad, muchas reproducciones eran precarias e insuficientes.

Se conocía el Louvre (y sólo algunas dependencias) que recordábamos como podíamos. Ahora disponemos de un número mayor de obras significativas para suplir las debilidades de nuestra memoria que las que podría guardar el mayor de los museos. (14)

La situación sigue mejorando constantemente gracias a las nuevas tecnologías digitales de reproducción en masa y de altísima calidad. Algunos grandes museos tienen el proyecto de reproducir en formato digital, accesible por internet, a la totalidad de sus colecciones. Así el Hermitage ha digitalizado ya 2000 obras en un formato de alta resolución. Estas reproducciones constituyen el enorme y magnífico acervo del Museo imaginario que se prolonga hoy en el Museo virtual, un museo que era inexistente y ciertamente impensable en el siglo XIX. En este fin de milenio, como diría Malraux

se ha abierto un museo imaginario que empujará hasta el extremo la incompleta confrontación impuesta por los museos verdaderos. Respondiendo a éstos las artes plásticas han invitado su imprenta (14)

¿Cuál es esta imprenta? La respuesta propia de la generación de Malraux no podía ser otra más que la fotografía. Para nosotros hay otra respuesta, la reproducción digital. Para verificarla deberemos ahora recorrer el camino que nos lleva del Museo imaginario al Museo virtual. El concepto de "realidad virtual" no había nacido aún en la época de Malraux pero será ella - y no otra - la que "empujará hasta el extremo" nuestra confrontación con la "realidad original" de la obra de arte. La "imprenta del arte" para el siglo XXI será decididamente, "digital", reemplazará los caracteres impresos por bits y el grano de la fotografía por el pixel. La computadora con sus periféricos y redes de comunicaciones es la imprenta de la nueva era digital, de la nueva cultura virtual.

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