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INDICE
Introducción
1.
El
cambio de significado de la obra de arte en el
museo
2.
El
museo, templo de las artes y de las
ciencias
3.
El valor de la reproducción
4.
Un
arte ficticio
5. Visitas reales y
virtuales
6.
El
arte del fragmento
7.
La
memoria del ideal clásico
8.
La
antología imaginaria
9.
El
significado último del arte
Referencias
Ilustraciones
Agradecimientos
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5. Visitas reales y
virtuales
Una visita por el Museo virtual, en efecto, nos
permite realizar una serie de acciones instructivas que
superan los límites de la simple
reproducción fotográfica cara a Malraux. En
la pantalla del monitor de la computadora se puede
avanzar por una galería donde se despliegan las
obras expuestas, acercarnos a una en particular, ampliar
un detalle, y si fuera preciso guardar esa imagen y hacer
una copia en papel ilustración para nuestro uso
personal, además de obtener información
sobre la obra y el autor. En algunos casos se puede
participar también en una visita guiada, virtual,
acompañada, eventualmente, de voz
y sonido.
Merece la pena detenernos un momento para considerar
algunas diferencias entre una visita real y una visita
virtual. Ante todo se trata de visitas a dos museos
diferentes. Dicho de otra manera, las reproducciones
fotográficas o digitales no son obras originales
sino réplicas, más o menos logradas, en
soportes diferentes. Hojear un álbum de
reproducciones o recorrer un sitio en la web, son
acciones significativamente diferentes de caminar por un
museo. La diferencia es obvia desde todos los puntos de
vista pero debe subrayarse. Malraux no pensó
jamás a su Museo imaginario como un sustituto del
real, sino como una expansión particular de este
último, con funciones específicas para la
apreciación artística y la
investigación histórica. Lo mismo sucede
con los Museos virtuales. Se ha abierto una nueva puerta,
que no existía antes, para entrar al museo. Pero
quien entra es un visitante especial, un visitante
virtual. Es una visita diferente. Inclusive muchos de
estos visitantes no son humanos, sino programas que
ingresan para buscar información. En el futuro
estos agentes o robots podrán informar a "su
dueño" cuando haya determinada exposición u
obra digna de ser visitada. Hoy son millones las personas
que utilizan esta puerta digital para recorrer el museo,
son visitantes remotos de un nuevo cuño.
Moraleja: nos debemos ocupar mucho de este nuevo
público de los museos. Comenzando por facilitarle
el acceso. De la misma manera que hay rampas para que las
personas discapacitadas ingresen y se movilicen sin
problemas en el Museo real también será
necesario crear su equivalente en el Museo virtual. En la
actualidad se han desarrollado algunos sistemas para
hacer más accesibles los sitios digitales a los
usuarios discapacitados de internet. Es recomendable pues
que los Museos Virtuales tomen en cuenta esta nueva
necesidad de eliminar también las barreras en una
visita virtual puesto que advertimos que esta modalidad
no se ha difundido suficientemente. En suma, proponemos
una acción solidaria en la comunidad del arte: el
Museo virtual sin barreras.
También debemos aprovechar esta
educación para educar al visitante ocasional. Por
ejemplo "aprender a mirar un cuadro," como en El
Prado, donde cada mes se analiza una obra importante
en detalle por internet. Pero el tema de la
educación desborda la programación
tradicional del museo, la visita guiada o la conferencia.
Hoy la actividad educativa se ha convertido en una de las
más importantes del museo y toma múltiples
formas según las circunstancias y los lugares. El
Museo virtual también ha abierto ese nicho
educativo con enorme
éxito que se acompaña por una gran esfuerzo
académico
y de investigación.
Finalmente, una de las comparaciones más
instructivas es relacionar el número de visitas
reales y de visitas virtuales por año. Algunas
cifras actualizadas pueden ser tema de
reflexión.

- Número de visitas reales (eje
vertical) y visitas virtuales (eje horizontal), en
millones de visitantes por año. Los puntos
sobre la diagonal señalan la igualdad entre
visitas reales y virtuales.
- Los datos muestran que el número de visitas
virtuales a los museos es, en general, inferior al de
visitas reales, salvo la excepción de la
National Gallery of Art de Washington, donde son
comparables. Tal vez la tendencia sea que, con el
correr del tiempo, las visitas virtuales se hagan
más frecuentes, e incluso superen a las visitas
reales. Si midiéramos, por ejemplo, el
número de contactos simples (hits) hechos
anualmente, que no distinguen entre buscadores
automáticos de sitios y seres humanos, las
cifras dan un salto impresionante (7 millones de hits
para la National Gallery de Londres, por ejemplo y
hasta 70 millones anuales para el Museum of Modern Art
de Nueva York).
Este nuevo fenómeno cultural se ha convertido
en una importante especialidad museológica. Por
ejemplo, ICOM,
International Council of Museums, y AMICO,
Art Museum Image Consortium se dedican expresamente a
investigar, desarrollar y difundir estas nuevas
actividades. El proceso parece irreversible pero no
podemos olvidar que existen aún muchos Museos
reales que no han podido construir su sitio en internet.
Algunos lo están haciendo gracias a la
colaboración internacional, como es el caso del
Hermitage de San Petersburgo, cuyo sitio es uno de los
más elaborados del mundo y está operado por
IBM. Otros se contentan con poner en la red apenas algo
más que un folleto pero los mayores museos del
mundo ya prestan una particular atención a estas
visitas remotas y dedican fondos importantes y recursos
muy creativos para mantener el interés del sitio
en la red. Esta dimensión propiamente virtual es
absolutamente novedosa. Malraux no pudo imaginarse nada
parecido, pero seguramente, de haberlo conocido,
habría sido uno de sus más fervientes
cultores.
Hay un tema colateral pero no menos importante,
relacionado con la generación de fondos genuinos
para el museo por la red digital. En algunos sitios los
visitantes virtuales pueden hacer sus compras a distancia
desde internet en el shopping
del museo. Por ejemplo la muy selecta boutique
del MOMA, con sus reproducciones, libros,
catálogos, discos compactos, esculturas y joyas,
está al alcance del visitante remoto que
podrá encargar su pedido de compra con su tarjeta
de crédito y recibirlo a domicilio. El aporte
económico de esta modalidad puede ser
significativo, no olvidemos que algunos museos, como el
Guggenheim de Bilbao, reciben casi tantos ingresos por
entradas como por ventas de objetos a los visitantes
reales. Seguramente la creciente ampliación del
mercado a visitantes virtuales por internet se
convertirá en una contribución importante
para el mantenimiento del museo.
En suma, el Museo virtual ha dejado de ser un simple
espejo del real, ha adquirido vida propia, no se contenta
con informar y exponer, invita a la acción y al
descubrimiento. Veamos algunos ejemplos. Un amigo se
interesó por el "cuadrado mágico", el
Tetragrammaton, un símbolo muy usado en la
iconografía del renacimiento. Yo recordaba haberlo
visto como una tabla de 4 x 4 números, colgada de
un muro en el famoso grabado de Albrecht Dürer
Melencolia
(1514). Sabía que la National
Gallery of Arts de Washington guardaba una
colección muy valiosa de grabados de Durero y
allí fui, con ánimo de encontrar una imagen
suficientemente nítida para contar las columnas,
líneas y diagonales de este cuadrado
mágico. Tuve la agradable sorpresa de encontrar
decenas de grabados de Durero expuestos en el Museo
virtual y entre ellos el que buscaba. Obtuve
rápidamente una imagen bellísima de la obra
y pude ampliar, online, el detalle de la
inscripción. El descifrado resultaba
difícil porque algunos símbolos resultaban,
para mí, ininteligibles. Entonces procedí a
una lenta decodificación basándome en las
propiedades aritméticas de este cuadrado.
Recordaba que la suma de columnas, diagonales y
líneas debía dar siempre el mismo
número. Poco a poco, sumando los números
que lograba descifrar, no sin trabajo, llegué a
sumar siempre 34, otro número mágico.
Completé la tabla correctamente y se lo
mandé por correo electrónico a mi amigo.
Todo esto sin salir de mi casa, a miles de
kilómetros de Washington. Incidentalmente, esta
indagación, con seguridad, me llevó menos
tiempo como visitante remoto que como visitante real.
-

- Figura 2
Además, en general, en el Museo real, no todos
las obras se exponen, y muchas de ellas serán
siempre inaccesibles al público debido a su
frágil estado. Como dice una advertencia del Museo
de Chantilly
que cobija el tesoro de las Très riches heures du
Duc de Berry, ¡atención: estas obran
están tan deterioradas que sólo se
podrán ver en internet! Incidentalmente, vemos
aquí otra ventaja muy significativa de la
reproducción digital cuando el original es
inaccesible al público por su fragilidad y
rareza.
Por otra parte, de la misma manera que hay actividades
educativas en los museos reales, éstas
también existen en los virtuales. Es evidente que,
en este sentido, el sueño de Malraux
también se ha hecho realidad. Un ejemplo notable
resulta del programa QBIC
(Query by Image Content) del museo del Hermitage que
nos permite experimentar en uno de los temas más
gratos para Malraux, como es jugar con las asociaciones
visuales que forman familias de estilos. Por ejemplo, el
visitante virtual puede seleccionar un color de un
espectro continuo y pintar una franja variable de un
cuadro hasta cubrirlo enteramente con diferentes
tonos.
Para probar seleccioné solamente tres, un
cierto tono de azul, verde y amarillo en diferentes
proporciones, que me recordaban, vagamente, los colores
de Matisse. Y ante mi admiración apareció
inmediatamente ante mis ojos una serie de pinturas de la
colección del museo ¡con dos cuadros de
Matisse incluidos! una Mujer en la terraza y Vista de
Colliure que yo desconocía en absoluto,
además de otros cuadros de Derain, Signac, Manguin
y Dupuis. De alguna forma el programa QBIC me
permitía reconocer "una misma paleta", en ese
estilo francés de comienzos de siglo. El programa
nos brinda también la posibilidad de seleccionar
familias de pinturas por sus formas.
La posibilidad de interactuar a distancia con las
obras de arte es algo prodigioso pero debemos reconocer
que estamos apenas en el comienzo. Aún falta mucho
para que brinden un placer estético comparable al
de contemplar el original. Son por ahora experimentos
visuales en miniatura, pero no es aventurado pensar que
dentro de poco tiempo, cómodamente sentados en
nuestras casas podremos contemplar nuestras obras
preferidas en escala real con una nitidez aún
mayor que el original, sin vidrios protectores ni
barreras que nos impiden acercarnos para ver el detalle
que nos interesa. Un intento exitoso ha sido realizado en
el Museo
Electrónico de Toshiba, donde el visitante
puede apreciar cientos de obras maestras digitalizadas en
pantallas de muy alta resolución, que son
transmitidas, a pedido, por una red digital desde una
base de imágenes. Pero debemos reconocer que
aún estamos lejos de la perfección, las
imágenes habituales en nuestra computadora
personal distan mucho de ser realmente atractivas, en las
proyecciones que conservan el tamaño se pierde
nitidez y en la pantalla reducida del monitor se pierde
irremediablemente la escala.
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