INDICE

Introducción

1. El cambio de significado de la obra de arte en el museo

2. El museo, templo de las artes y de las ciencias

3. El valor de la reproducción

4. Un arte ficticio

5. Visitas reales y virtuales

6. El arte del fragmento

7. La memoria del ideal clásico

8. La antología imaginaria

9. El significado último del arte

Referencias

Ilustraciones

Agradecimientos

 

 

6. El arte del fragmento

Toda reconstrucción supone una disgregación previa del todo y sus partes. Los museos se han esmerado siempre por conservar esas partes desmembradas, ya sea en sus sectores arqueológicos o en sus gabinetes de antigüedades. En las últimas décadas emergió, además, una fuerte tendencia estética que puso de relieve estos fragmentos, que por la magia de la museología se transformaron en obras de arte.

El fragmento es también un maestro de la escuela de las artes ficticias. ¿Acaso la Victoria de Samotracia no sugiere un estilo griego al margen del verdadero? La estatuaria khmer ha multiplicado las cabezas admirables sobre cuerpos convencionales. las cabezas khmer aisladas, son la gloria del museo Guimet. El San Juan Bautista del portal de Reims está lejos de alcanzar el genio de su rostro aislado. El fragmento puesto en valor por su representación y por una iluminación escogida permite una reproducción que no es uno de los más modestos habitantes del museo imaginario. (23)

La reproducción, en efecto, tiene la virtud de realzar a voluntad un aspecto, una faceta, una arista, un trazo, una mancha de color. Sin esta intervención de la técnica el fragmento se disiparía en el conjunto anónimo de los restos informes, de las partículas huérfanas. Pero debemos reconocer que se ha dado ya un importante cambio de rumbo.

La estética clásica iba del fragmento al conjunto, la nuestra, que va a menudo del conjunto al fragmento, encuentra en la reproducción un auxiliar incomparable. (25)

En el Museo imaginario se abre, en efecto, la posibilidad de jugar con las piezas del rompecabezas, con los elementos que nuestra imaginación ha querido desmenuzar en la obra de arte. Por definición, se trata de una intervención "no invasora" que no es dolorosa, que no toca siquiera al objeto. Por eso es bienvenida. Preserva el original. Pero podemos dar un paso más. Con la ayuda de las nuevas técnicas digitales todo puede atomizarse, reducirse a una mínima expresión simbólica, a una ristra de 1 y 0 que la computadora interpreta sin error posible. El fragmento último del Museo virtual es el bit, la unidad de información. Hemos cambiado de universo. En este nuevo mundo digital las formas, los colores y los volúmenes toman una nueva corporeidad. Son generados paso a paso, transformados por operaciones geométricas y difundidos a todo el mundo por internet. Malraux nunca imaginó la potencialidad de su idea sobre el valor del fragmento en la reproducción de la obra de arte. Su época lo limitaba a una penosa reconstrucción fotográfica. Hoy, en cambio, podemos enriquecer su intuición de múltiples maneras. En primer lugar, la digitalización permite completar en la reproducción una pérdida de materia, el asa de una ánfora griega, la orla de una tapicería medieval, la nariz rota de una estatua. También nos ayuda a recuperar el color original de una pintura y continuar un arabesco erosionado por el tiempo. En la pantalla de la computadora se pasa del todo al fragmento y del fragmento al todo sin obstáculos.

¿Qué es lo que nos mueve a no dejar morir esos retazos, esas huellas de épocas pasadas? No es solamente la pasión de dominio sobre las cosas ni la celebración de una tecnología prodigiosa. Hay algo mucho más profundo, como lo insinúa Malraux ¡queremos seguir viviendo!

Nuestra sensibilidad por la estatua mutilada, por el bronce de las excavaciones arqueológicas, es reveladora. No coleccionamos ni los bajorrelieves borrosos ni las oxidaciones; no es la presencia de la muerte lo que nos retiene sino la de la supervivencia. (631)

En el Museo imaginario los fragmentos se conservan y se recomponen. En el Museo virtual adquieren nueva vida, aquella que, tal vez, jamás tuvieron. Estamos forzando al destino ¿Qué es esta lucha hercúlea contra la historia que prosigue incesante a través de los tiempos? Para Malraux resulta claro que

La mutilación es la traza del combate, el tiempo ha aparecido de golpe, el tiempo que forma parte de las obras del pasado tanto como su materia y que surge de la fractura como de la oscuridad amenazadora donde se unen el caos y la dependencia. Todos lo museos del mundo tienen por símbolo el torso mutilado de Hércules.El nuevo adversario de Hércules, la última encarnación del destino es la historia, (633)

 Image fig3

Figura 3

La historia de la humanidad, en efecto, es implacable y muchas obras maestras no sólo fueron arrasadas sino que jamás vieron la luz, o quedaron inconclusas o no pasaron de ser esbozos. Pero ahora las tecnologías digitales permiten su alumbramiento en el espacio del Museo virtual. Pueden remontar desde el abismo que las habían aniquilado antes de nacer. Hoy, en efecto, se pueden recrear, artificialmente, obras que jamás pudieron salir de un esbozo o de un plano. Se puede, gracias a las nuevas tecnologías digitales, "ver lo invisible", como dice Takehiko Nagakura, uno de los líderes del Project Unbuilt del MIT 8. Su grupo de investigación ha reconstruido en el espacio virtual "obras arquitectónicas no construidas" de grandes artistas como Palladio, Le Corbusier, Vladimir Tatlin y Alvaar Alto. Los resultados son espectaculares y de alguna manera también responden a aquella preocupación de Malraux por "exponer" las grandes obras arquitectónicas en su Museo imaginario. Ahora se puede ir más allá de una maqueta del monumento para alcanzar una visualización extremadamente detallada de la obra en un espacio virtual e incluso percibir su emplazamiento ficticio en la ciudad. Podemos, en definitiva, gracias al Museo virtual hacer visitas, subir a las torres y recorrer las salas de una obra de arte de arquitectura que no existe en la realidad pero que algún genio imaginó y algún día la puso sobre papel. El espíritu poético que anima toda reconstrucción se exalta con estas posibilidades. "¿Cómo sería la vida en San Petersburgo si los cuatrocientos metros de hierro oxidado se impusieran todavía sobre esta ciudad neoclásica en un día de invierno?" se pregunta Nagakura al referirse a su reconstrucción digital de la torre gigantesca de Tatlin. La respuesta tecnológica es que las imágenes virtuales exponen con minucia obsesiva ¡hasta la herrumbre de las vigas y las huellas en la nieve!

Home / Presentación / Actividades / Publicaciones / Para contactarnos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .