8. La
antología imaginaria
Con el advenimiento de las nuevas tecnologías
de reproducción, fotográfica, primero
analógica y digital después, se ha abierto
un horizonte insospechado en la historia del arte. El
sueño de todo estudioso es contar con un
catálogo exhaustivo de la obra de un autor.
Ciertamente se trata de una ambición imposible de
satisfacer en la mayor parte de los casos, no solamente
porque un número considerable de obras se han
perdido en los tiempos históricos sino que el
proceso creativo del artista implica mutilaciones,
recortes, olvidos, destrucciones, borradores,
arrepentimientos, esbozos, proyectos y, en definitiva,
sueños que nadie conocerá jamás. Sin
embargo, la capacidad de las computadoras modernas, su
memoria prodigiosa, el intercambio de reproducciones
artísticas por las redes digitales, la fidelidad
de las imágenes, todo ello contribuye a acercarnos
al ideal de una antología exhaustiva.
La verdadera antología comienza. La obra
maestra no es ya más la obra más completa y
la más "perfecta" sino el punto extremo del
estilo, de la especificidad o del despojamiento del
artista respecto de sí mismo. La obra más
significativa de un inventor de estilo. (17)
En realidad la antología es mucho más
que un catálogo, es un instrumento de
comprensión, una forma de acceder a la
vocación de cada artista. Cuando en el Museo
virtual se pone a nuestra disposición una gran
colección de obras de un mismo autor es posible
que despunte aquello que Malraux designa como "estilo".
Pero no es el momento de adentrarnos en ese mundo que nos
llevaría a un debate sobre la estética.
Basta con aceptar un hecho irreversible. Los bancos de
datos actuales permiten una fabulosa confrontación
de estilos, un cruzamiento de variables y una
estadística actualizada de tal riqueza que nada
será como antes. La información disponible
en instituciones como el Smithsonian
Institution Research Information Service, el
Getty Information
Institute y el International
Council of Museums es ya incomparable. Se inicia una
nueva era de museos para la humanidad entera. Malraux la
profetizó con una visión increíble,
propia del genio.
Como la lectura de una obra dramática al
margen de su representación, como la
audición de un disco al margen del concierto, al
margen del museo se ofrece el más vasto dominio de
conocimientos artísticos que el hombre haya
conocido. (44)
Ese "al margen del museo" es una forma de decir "fuera
de los muros del museo", o sea en un espacio no
físico sino virtual, donde las obras se potencian
por contraste, se reúnen por familias y se
renuevan sin cesar encarnándose en descendientes
lejanos en un ciclo de vida que no se acaba jamás.
Entramos así en el misterio de la herencia de la
vida del espíritu.
Este dominio, que se intelectualiza mientras
progresa el inventario y su difusión, mientras los
procedimientos de reproducción se aproximan a la
fidelidad, es, por primera vez, la herencia de toda la
historia. (44)
Se trata nada menos que de la "herencia de toda la
historia", no solamente de la historia local, por
más eminente que haya sido. Malraux lo plantea de
entrada al recordar lo que era la tradición del
museo en el siglo XIX ¿Qué podía
conocer realmente el visitante de esa época al
recorrer un gran museo? La mayor parte de las grandes
obras de la humanidad quedaba absolutamente fuera de su
alcance. Hoy, en cambio, gracias a la reproducción
digital un número considerable de obras maestras
se han hecho visibles a todos, por lo menos en potencia.
La herencia artística del genio humano, en todas
sus facetas, "es más nuestra" que nunca.
Está a nuestro alcance. Si a ello sumamos el
turismo de arte, el intercambio de estudiantes y
expertos, las obras de preservación y restauro,
vemos complacidos que estamos tomando conciencia de la
existencia de un verdadero patrimonio artístico de
la humanidad. La Unesco
ha encabezado este movimiento que nos abre una esperanza
frente a tantas pérdidas irremediables, muchas de
ellas causadas por la violencia, la ignorancia o el
desprecio.