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Una mente disciplinada: La obra de Howard Gardner por Junio 1999
Recibí el último libro La mente disciplinada: Lo que todo estudiante debería comprender, de mi amigo y colega Howard Gardner hace unos días (1). Era una tarde otoñal de San Isidro, fría y dorada. Encendí un fuego de quebracho con olorosas piñas del campo, abrí una partitura de Mozart, la sonata K 332 en fa mayor. La recorrí con alegría en el piano mientras se calentaba el ambiente y se iluminaba el techo de madera con sus vigas pintadas de celeste, verde y amarillo. Busqué la versión deliciosa de Mitsuko Uchida en la edición completa de la obra de Mozart y me senté a escuchar y a gozar sus melodías incomparables. Era la hora feliz, con una copa de vino y queso, las notas como fondo y el libro como figura. Lo "devoré" en esa misma noche, sabiendo que era un pecado de gula pues la gestación de una obra semejante - me consta - había exigido varios años de trabajo ímprobo a su autor y a su equipo de colaboradores. Gardner es reconocido como una de las mayores autoridades en el campo de la educación y su estilo es inconfundible. Ha escrito centenares de artículos y muchos libros claves (unos diez y ocho) que son un raro modelo de erudición y síntesis, de inspiración y ejecución. Se lo conoce entre nosotros por su teoría de las inteligencias múltiples y por haber logrado desmontar una forma de "pensamiento único" en psicología que privilegia indebidamente a las inteligencias verbal y lógica en el proceso educativo (2). Al día siguiente le envié un email a Harvard felicitándolo y agradeciéndole por el momento extraordinario que me permitió vivir en compañía de su libro a miles de kilómetros de su casa. Me respondió enseguida con alegría por mis noticias, el mundo digital está a distancia cero. Se trata de un libro fuera de lo común. Por eso me atrevo a presentarlo ahora de esta manera poco ortodoxa, multi-representacional (como recomienda Gardner) donde hablo de mis sensaciones kinestésicas, auditivas, gustativas y visuales, de una amistad sincera y de una música incomparable. Valga esta introducción para recomendar un texto magistral. El objetivo fundamental que persigue Gardner en la educación es ayudar a comprender, a entender mejor. Con sus colegas de Harvard ha desarrollado un programa educativo, que felizmente ya está alcanzando nuestras costas, para "enseñar a comprender". A comprender qué es la verdad, la belleza y el bien. No es habitual en nuestros días que estos tres trascendentales escolásticos se expresen con tanto énfasis fuera de un cierto ambiente filosófico. Gardner por su parte hace una crítica demoledora a las teorías postmodernas, descontructivistas y relativistas que han irrumpido insidiosamente en algunos programas educativos. Veamos cómo encara el tema de enseñar a comprender la belleza en las artes musicales, a partir de un modelo específico, el de Mozart, su gran amor. La belleza En el Apéndice, cosa insólita en un texto de estas características, Gardner transcribe en su integridad la partitura de un trío encantador de Las Bodas de Fígaro. Se trata de la escena (de unos cuatro minutos) donde Susana, (soprano) doncella de la condesa, intenta ocultar a Cherubino el sensual paje que esconde en su aposento, cuando irrumpen el maestro de música Basilio (tenor) que se regodea cínicamente con la confusión ("cosí fan tutte le belle, non c'è alcuna novitá") y el conde de Almaviva (barítono) deseoso de conquistar a Susana e impedir su matrimonio con Fígaro ("Dío, le batte il cor!"). El libreto de da Ponte, una versión edulcorada de la obra de Beaumarchais - que era un texto polémico, casi subversivo para la época por su carácter político - está hecho en filigrana sobre ese tejido de escenas amorosas donde cada personaje persigue su propio objetivo provocando los enredos más inverosímiles. Al final de la ópera todo termina bien, las tensiones se calman y los deseos personales se cumplen, incluso más allá de lo previsto. Para Gardner el trozo operístico seleccionado desarrolla varias "agendas en colisión", que pueden dar pie a una multiplicidad de representaciones mentales, desde el entrecruzamiento magistral de voces masculinas y femeninas, de arcos y vientos, en el lenguaje operístico, hasta el relato histórico subyacente (Beaumarchais fue proveedor de armas para la revolución americana y da Ponte terminó enseñando italiano en Nueva York, en la universidad de Columbia), pasando por los artificios de Mozart y de da Ponte para eliminar todo lo que pudiera parecer "políticamente incorrecto" a la corte. Un buen pedagogo puede recoger muchos frutos de este ejemplo musical. Un objetivo del curso de arte podría ser: "Los alumnos tratarán de comprender cómo Mozart y su libretista da Ponte trabajaron juntos para crear una pieza contundente y amable que supo captar los conflictos sociales de su época" (p. 123). No sólo será preciso desarrollar una "inteligencia musical" para entender estos pocos compases, sus temas, sus inesperados cambios de tono y de ritmo, sino que será necesario apoyarse también en una profusión de narrativas entrecruzadas. Mucho puede ayudar a tal efecto la nueva tecnología, los videos y CD-Roms, para percibir el detalle musical más fino y los secretos de la puesta en escena o los sintetizadores para crear variaciones originales sobre el mismo tema, en el aula o en la casa. Gardner fue durante un tiempo profesor de piano pero confiesa que le resultó arduo entrar en el campo de la ópera. Este libro está dedicado claramente al genio de Mozart como paradigma universal de la búsqueda de la belleza. Su mujer, Ellen Winner, ha escrito un libro magnífico sobre la educación de los talentos excepcionales, y de los prodigios musicales en particular(3). Su hijo Benjamin, adolescente, ama el piano como su padre. Yo-Yo Ma, el genio del violoncelo, es un vecino y amigo del barrio. Este entorno familiar de los Gardner en el paisaje casi mágico de los bosques de Massachusetts es ciertamente privilegiado, pero hay muchas formas de convocar la belleza, buscar la verdad y lograr el bien en cualquier lugar del mundo. "El aprendizaje no se da solamente entre las cuatro paredes del aula, La tecnología puede llevarnos alrededor del mundo, ida y vuelta. El apoyo en el hogar es crucial. Una comunidad de ciudadanos e instituciones pueden hacer contribuciones significativas en la educación de sus hijos. Los estudiantes deben contar con mentores, ingresar como aprendices en talleres de la comunidad y los expertos de esas instituciones comunitarias deben visitar las escuelas, en persona o en forma virtual" (p. 136). Es conveniente en todo los casos introducir al alumno en un tema a través de analogías y metáforas. Y sabemos que la metáfora - ya para Aristóteles - era un "signo del genio". Para Gardner, mejor que entregar simplemente al alumno una partitura es inventar algún sistema simbólico alternativo que denote los principales caracteres, acciones y motivos musicales. Una notación de este tipo puede llevar a una mejor comprensión del tema. Se trata de sugerir siempre nuevos "modelos de lenguaje" para expresarnos.
El bien y el mal Ahora veremos cómo propone entender la ética. Toma otro caso, esta vez, por oposición, no el bien sino el mal, un episodio trágico y terrible de la historia moderna. "En la noche de los cristales (Kristallnacht) tiendas judías y sinagogas fueron destruidas y muchas personas (incluyendo familiares míos) fueron masacradas ante la mirada horrificada de los suyos" (p.177). Gardner se pregunta cómo el Holocausto pudo tener lugar en Alemania, el país considerado más civilizado de occidente. Y así analizando los aspectos históricos y morales de estos horribles sucesos logra dar algunas pautas para encarar frontalmente el problema del mal y del bien en un entorno educativo. En especial propone investigar el desarrollo de la conferencia de Wannsee de triste fama, que en diciembre de 1941 selló la suerte de millones de judíos y de muchos otros individuos de toda Europa. Los protocolos de esta reunión, que decidió la puesta en marcha el plan de la "solución final", fueron recogidos por Adolf Eichmann, jefe de la Gestapo para la evacuación de los judíos. El plan se cumplió con temible perfección germana en muy poco tiempo. "En la mitad de marzo de 1942 la mayor parte de la Europa judía estaba en vida. Menos de un año después, a mediados de febrero de 1943, por lo menos 3 millones de judíos, hombres, mujeres y niños habían sido asesinados a sangre fría" (p.180). Cuestiones candentes sobre la responsabilidad de tantos autores de la masacre, de oportunidades perdidas para abortar el fenómeno nazi, de cobardías y compromisos, se convierten en planteos altamente educativos en una óptica de la comprensión del bien y del mal como antinomia ética. La comparación del Holocausto con otros genocidios, abrumadores y muy recientes, en Africa, en los Balcanes, forma parte de esta estrategia pedagógica sistemática donde "las cuestiones de moralidad se pueden plantear mejor a través de sucesos concretos que involucran agentes humanos" (p. 183). El objetivo de un tema de ética en la escuela podría ser en este caso: " El alumno tratará de captar las diferencias y semejanzas del Holocausto con otros genocidios de este siglo" (p. 130). Gardner lo hará a través de una disciplina precisa, la historia. En particular " como hay algunos que niegan la existencia de la "solución final" y muchos son los que cuestionan su asustadora extensión, será importante que los alumnos aprendan qué es lo que pasó y porqué" (p. 143). Para ello será imprescindible aprender a usar los instrumentos de la investigación histórica. Se trata ante todo de un problema de "verdad histórica" pero que tiene consecuencias morales de enorme importancia para la humanidad presente y futura. La verdad Llegamos así a la búsqueda de la verdad tal como se impone en las ciencias contemporáneas. Gardner, aquí como en los dos casos anteriores, analiza un tema puntual con el mayor detalle. Ha elegido entre otros centenares el problema de la evolución de las especies y la teoría de Darwin. En particular narra cómo Darwin advirtió la existencia de una gran variedad de formas y tamaños en los picos de ciertas aves de las islas Galápagos, la manera de recoger estos datos, sus reflexiones, dudas y ensayos para ofrecer una explicación biológica de esta delicada adaptación al entorno restringido de las islas y a los alimentos disponibles, la influencia de las ideas de Malthus sobre la supervivencia del individuo mejor adaptado a su sociedad, sus temores de levantar una polémica religiosa y finalmente su decisión, tan demorada, de publicar su gran libro sobre el origen de las especies. En este caso el objetivo de la unidad temática a estudiar podría ser: "El alumno intentará comprender la manera como actúan las fuerzas de la evolución sobre el individuo o especies enteras" (p. 130). Una vez identificados los objetivos que surgen de ejemplos concretos ligados al arte, a la moral y a la ciencia, los hay innumerables a disposición del docente (Gardner eligió sólo tres a los efectos ilustrativos: un trío de Mozart, un fenómeno histórico como el Holocausto, una teoría científica como la de la evolución) el educador deberá seleccionar las "cuestiones esenciales" o "temas generativos" de cada caso. En la clase de arte los estudiantes podrían imaginar una escena donde tres personas cantan diferentes frases en un idioma extranjero, en la clase de biología preguntarse por qué existen tantas especies en la selva húmeda, en la clase de historia por qué los líderes de un país altamente civilizado pudieron decidir aniquilar a toda una población. A continuación los estudiantes tienen que proceder a ejecutar "acciones de comprensión" inspirados en los ejemplos elegidos: predecir lo que sucederá con las especies sometidas a una cambio radical de la ecología local, crear una melodía y una letra atractiva para los más jóvenes, analizar un enfrentamiento violento y actual entre etnias diferentes, etc. Finalmente, el alumno deberá llegar a captar el sentido de la evaluación que hará su maestro sobre la pertinencia de sus acciones de comprensión. No se trata de un examen final sino de una evaluación permanente, que está abierta a la corrección de los errores, que se apoya en sugerencias concretas para mejorar el desempeño, con tiempo suficiente para practicar y hacer ensayos, equivocarse y volver a empezar. Incidentalmente Gardner repite una frase significativa ¡todos deberíamos cometer "nuevos errores"! De esta manera el estudiante empezará a internalizar la evaluación adulta, a auto-evaluarse y eventualmente a tener la alegría profunda de haber alcanzado una meta personal, muy íntima. Este proceso de comprensión es lento y difícil. Gardner es muy claro al respecto. Un "aprendizaje para la comprensión" no es una receta con éxito asegurado (4). Es más, nadie puede afirmar que sea transferible de una escuela a otra, de una cultura a otra. Hay en todo lugar y tiempo una tensión permanente entre dos polos: entre la extensión y la profundidad de los conocimientos impartidos, entre los beneficios utilitarios de la instrucción y el crecimiento intelectual por sí mismo, entre una educación uniforme y centralizada y otra individualizada y diferencial, entre una educación pública o privada, entre una tendencia que ignora o fusiona las disciplinas y otra que enfatiza el dominio por parte del alumno de una determinada disciplina, entre quienes minimizan las evaluaciones y quienes se basan en exámenes rigurosos, entre aquellos que desean bajar las exigencias y los que buscan la excelencia, entre una educación que hace alarde de la tecnología y otra que enfatiza la dimensión humanística. Gardner establece con claridad sus preferencias en estas antinomias. Comparte por una parte el pensamiento liberal y progresista que favorece la profundidad sobre la extensión, la construcción sobre la acumulación, la búsqueda del conocimiento más que la utilidad, la diferenciación más que la uniformidad, una educación focalizada en el alumno más que en el profesor. Pero al mismo tiempo, en las otras cuestiones, defiende una actitud conservadora y tradicionalista, prefiere una educación firmemente basada en el dominio de las diferentes disciplinas, que emplea pruebas, realiza evaluaciones y exige el mayor standard en el trabajo del alumno (y del profesor). En todo este amplio espectro de temas y problemas Gardner nos enseña a respetar y estimular la diversidad de enfoques y la pluralidad de representaciones mentales dentro de cada disciplina. Sabe que no hay trabajo solidario posible entre las disciplinas sin la creación de un fundamento riguroso en cada una de ellas. Pero no se hace ilusiones: la interdisciplina es un ideal. Hay experiencias educativas muy exitosas en el mundo que han fracasado al ser transplantadas. Tampoco lo ideal - comenta con fina ironía - sería comenzar a educarse en una escuela maternal de Francia, hacer el preescolar en Italia, la primaria en Japón, la secundaria en Alemania y la universidad en los Estados Unidos, a pesar de que todas estas instancias tienen ejemplos de excepcional calidad en los países mencionados. No existe un modelo único en la educación. El desafío de "caminar nuestra propuesta ética" (5) La educación del ser humano es un proceso complejo que se basa fundamentalmente en decisiones sobre objetivos y valores. "Debemos aceptar la ruda realidad. Se puede ser inteligente sin ser moral, creativo pero no ético, sensible a las emociones y no usar esta sensibilidad al servicio de los demás. Debemos aceptar que se puede reconocer la verdad pero mantenerse ciego frente a la belleza y la bondad" (p. 248). Existe una barrera infranqueable entre el ser y el deber ser, no se puede saltar sin más "from is to ought". Por eso "el conocimiento de todas las conexiones cerebrales hasta su más remota sinapsis jamás podrá dar cuenta de los valores" (p.79). Son dos mundos, dos enigmas. El desafío está planteado, la humanidad ha entrado ya en una nueva era que nos resulta imprevisible, donde podrá ser viable hasta cambiar nuestra propia identidad genética o la de otros. " Si fuera así - concluye Gardner - jugaríamos a ser Dios y ello llevaría al derrumbe de todas nuestras instituciones culturales, incluida la educación. Rezo para que ello no suceda" (p. 83). No puedo más que unirme a esta oración, pero también quiero compartir la esperanza y el mandato de no temer. Referencias (1) El título original de este libro de Howard Gardner es: The disciplined mind: What all students should understand , New York, Simon & Schuster, 1999. (2) Howard Gardner Frames of mind: The theory of multiples intelligences. New York: Basic Books, 1982: Inteligencias múltiples. Buenos Aires, Paidós, 1993. (3) Ellen Winner: Gifted children: Myths and realities, New York: Basic Books, 1996. (4) Para más información sobre el programa de Harvard Teaching for understanding, consultar el libro reciente de David Perkins: La enseñanza para la comprensión: Vinculación entre la investigación y la práctica. Buenos Aires: Paidós, 1999, o por email: info@pz.harvard.edu (5) "I cherish people who 'walk the ethical path" (p. 250). |
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